lunes, 29 de noviembre de 2010

Theremin: An Electronic Odyssey

Edición en DVD del documental sobre la vida de Theremin
La vida de Lev Termen, un inventor genial.
Probablemente una de las vidas más apasionantes del siglo XX haya sido la de Lev Termen, más conocido por el galicismo de Léon Theremin. Tanto es así que para el que lea la biografía Theremin: Ether Music And Espionage (2000), de Albert Glinsky o vea el documental Theremin: An Electronic Odyssey (1993), de Steven M. Martin que hoy nos ocupa, le parecerá increíble que Hollywood no haya puesto todavía la vista en la figura del genial inventor y haya producido como mínimo una mini-serie sobre un personaje con una trayectoria vital tan interesante y llena de sucesos de todo tipo como la de Termen: Revolución Soviética, Primera Guerra Mundial, inventos adelantados a su tiempo, amores imposibles, fama y dinero, ruina económica, desapariciones misteriosas, campos de trabajo en Siberia, espionaje para el KGB... fueron sólo algunos de los acontecimientos de su vida.

La aparición de Theremin: An Electronic Odyssey en 1993 supuso una revelación para muchos. En aquel momento no existía nada parecido al 'boom' de hoy en día por el theremin, sino que lo utilizaban unos pocos nostálgicos, contados músicos profesionales y algunos aficionados al 'do it yourself' electrónico. El sonido del theremin nunca desapareció del todo del imaginario colectivo, no obstante, tras el paso del documental por diversos certámenes cinematográficos, así como los galardones obtenidos en los festivales de Sundance y San Francisco, despertó de nuevo el interés por la figura casi olvidada de Lev Sergeyevich Termen y su instrumento, entre una gran minoría de entusiastas de todo el mundo. 

El clásico modelo de theremin de RCA
Un clásico modelo de RCA Theremin.
El director Steven M. Martin basa su película en dos elementos clave. Por un lado la relación artista-musa/amistad-amor de Lev Termen con Clara Rockmore, y por otro, los diez años (1927/8-1938), en los que Termen vivió y trabajó en Estados Unidos, que es la etapa de su vida más interesante en lo que a sus inventos con fines musicales se refiere y la que está más y mejor documentada con material audiovisual.

Para relatar su historia, Martin contó con las declaraciones del propio Termen, al que filmó en su apartamento de Moscú, así como en varios lugares de la capital rusa en 1990, las de Clara Rockmore, que además interpreta diversas piezas con el theremin a lo largo del documental, y también las de viejos amigos de Termen como Nicolas Slonimsky y Henry Solomonoff. Menos presencia tienen Brian Wilson de The Beach Boys, Todd Rundgren y los thereministas Paul Shure y Lydia Kavina, ésta última sobrina nieta y última discípula de Termen.

La otra gran aportación del documental es la de Bob Moog, que gracias a la producción artesanal de theremines cuando era un adolescente y su posterior fabricación en su firma Moog Music, fue el encargado de mantener viva la llama del theremin en Norteamérica desde los años 50. Moog, además, explica el funcionamiento del instrumento y algunos de sus aspectos técnicos y comenta que prácticamente la música electrónica empezó con el theremin. 

En el cine documental no siempre es sencillo conseguir que lo que se narra sea a la vez entretenido y preciso en los datos. Steven M. Martin opta por el entretenimiento y el carácter didáctico con un óptimo resultado a pesar de caer en algunas imprecisiones y omisiones. Sin pretender justificar el trabajo del director, no deja de ser cierto también que en 1990, año en el que se comenzó a rodar Theremin: An Electronic Odyssey no existía la World Wide Web como tal y apenas había fuentes escritas fiables sobre la vida y obra de Lev Termen. 

El hecho de centrarse en la etapa americana del inventor provoca que Theremin: An Electronic Odyssey sea un documental intencionadamente sesgado en el que apenas se mencionan los orígenes y juventud de Termen, la Revolución Soviética, la Primera Guerra Mundial o la era stalinista. Temas todos ellos que no fueron razonablemente investigados hasta la aparición de la biografía de Albert Glinsky, mencionada al comienzo, y publicada en 2000 y que es también la más completa que existe.

A pesar de todos estos condicionantes, y habida cuenta la extensa y compleja vida de Termen, Theremin: An Electronic Odyssey se erige como uno de los mejores documentales que se ha hecho sobre uno de los grandes héroes de la historia de la música electrónica como fue Lev Sergeyevich Termen.

Imágenes del decimoctavo aniversario de Clara Rockmore en 1929
La escena del cumpleaños de Clara 
Reisenberg tal y como aparece en 
Theremin: An Electronic Odyssey.

Lev Termen, que conoció a Clara Reisenberg (nombre de soltera de Rockmore), en la presentación del thereminvox, como también se conocía a su instrumento, a finales de 1928, enseguida vio en ella a la gran artista capaz de llevar su instrumento al estrellato gracias a su increíble oído e instinto para extraer tonos del instrumento con gran precisión. Clara, que por entonces tocaba el violín, tuvo que abandonar la práctica de dicho instrumento por un serio problema óseo en sus brazos. A partir de entonces se volcó completamente en el theremin, desarrollando incluso la técnica para interpretarlo, que denominó "aerial fingering" (digitación aérea). El theremin probablemente nunca se habría convertido en leyenda si no hubiera sido por la gran labor de divulgación que realizó Clara Rockmore del mismo mediante giras de conciertos durante décadas, convirtiéndose en la gran diva y virtuosa del instrumento. 

Steven M. Martin, consciente de este hecho fundamental que posibilitó la supervivencia del theremin durante más de medio siglo, y como hilo conductor de la narración, se recrea en la relación que existió entre Termen y Clara Rockmore, para impulsar la historia y cerrar el círculo con el regreso de Termen a Estados Unidos a finales de septiembre de 1991, después de 53 años, para reencontrarse con Clara, con su pasado y para recibir diversos homenajes.

Los actos de celebración del centenario de la prestigiosa Universidad de Stanford y su participación en simposios y conferencias se encontraban detrás de ese reencuentro de Termen con los Estados Unidos, así como también el sentido homenaje que recibió por parte del Center for Computer Research in Music and Acoustics (más conocido como CCRMA), dirigido entonces por su fundador John Chowning, que fue el artífice de la visita del inventor.

Esos homenajes que recibió el insigne científico no eran en absoluto gratuitos, sino un sincero reconocimiento por parte de la vanguardia musical estadounidense y una de sus grandes instituciones hacia el trabajo pionero e inspirador que llevó a cabo Termen en América.

El invento más visionado de Theremin, el Terpsitone, interpretado por Clara Rockmore
Clara Rockmore realizando una demostración
del Terpsitone el 1 de abril de 1932 en la sala

de conciertos Carnegie Hall de Nueva York.
Ciertamente, la década en la que Termen trabajó en Nueva York salieron de su hogar-laboratorio no sólo nuevos theremines (que incluso licenció para que los fabricara la firma RCA Victor), sino también el theremin cello y el theremin de teclado en 1930, el Rhythmicon (1931), que fue  la primera caja de ritmos de la historia, creada por encargo del compositor Henry Cowell, o el visionario Terpsitone (1932), que era una plataforma que traducía en sonidos los diferentes movimientos de los bailarines que interactuaran sobre ella. La gran presentación de todos ellos tuvo lugar en el Carnegie Hall de Nueva York el 1 de abril de 1932, creándose para la ocasión una orquesta de instrumentos electrónicos formada por 16 músicos denominada Theremin Electrical Symphony Orchestra.

Así y todo, quedan fuera del documental otros desarrollos extramusicales. Hacia 1926, antes de su llegada a Nueva York, Termen había inventado una televisión electromecánica con una definición de 64 líneas por vídeo entrelazado, siendo pionero en ese campo. Ya en los años 30, tal y como afirma Nicolas Slonimsky en el documental, Termen disponía de una televisión en color por circuito cerrado en su estudio neoyorquino con la que desde un piso superior podía controlar lo que sucedía en un piso inferior del edificio. No obstante, estas invenciones fueron anecdóticas en la vertiginosa carrera internacional entre diferentes naciones por conseguir la retransmisión de imágenes en movimiento en tiempo real y Termen fue uno más de los que llevó a cabo investigaciones en ese campo.

Una parte controvertida de Theremin: An Electronic Odyssey tiene que ver con la súbita desaparición de Termen de Estados Unidos, acontecida el 15 de septiembre de 1938, y comentada en el documental por Beryl Campbell, una compañera de Lavinia Williams, bailarina del American Negro Ballet con la que contrajo matrimonio Termen unos meses antes, que afirma que Termen fue secuestrado por espías soviéticos (probablemente la temida NKVD, más tarde denominada KGB), en su estudio de Nueva York. Este supuesto secuestro acrecentó el mito y posteriormente también la polémica, dado que Albert Glinsky sostiene en su biografía que Termen vivía una situación económica acuciante. Los intentos de comercializar sus últimas invenciones extramusicales (alarmas, sistemas de apertura automática de puertas, etc.), habían fracasado y existían serios problemas con su permiso de residencia, por lo que decidió regresar a la Unión Soviética.

Nada más llegar a la Madre Patria en 1938, Termen fue encarcelado y enviado durante siete años a un gulag de extracción aurífera en Magadan, en el extremo oriental de Siberia. Posteriormente fue asignado a una 'sharashka', un laboratorio de investigación secreto junto con otros científicos e ingenieros, del que fue liberado en 1947. Durante su cautiverio, fue pionero en la tecnología de identificación por radiofrecuencia (RFID), que la utilizó la KGB con fines de espionaje a través del "Buran" y "La Cosa", dos dispositivos inventados por Termen que se utilizaron para captar conversaciones secretas en las principales embajadas occidentales en Moscú. Termen recibió por ello y en secreto el Premio Stalin en 1947.

Durante los años 40 y tras varios años sin tener noticias, algunos de sus amigos como Nicolas Slonimsky y Henry Solomonoff, así como la propia Clara Rockmore temieron que Termen hubiera muerto ejecutado alrededor de 1945 a causa de las purgas estalinistas, tal y como constaba en algunos libros de la época publicados en Europa. Las autoridades soviéticas se encargaron de eliminar todo rastro de su existencia pasada y presente. El milagro, sin embargo, se produjo en mayo de 1962, cuando Robert y Clara Rockmore realizaban una visita turística a la Unión Soviética para que su marido conociera el país que la había visto nacer. Una noche, durante una cena con un científico, Robert Rockmore le preguntó por pura curiosidad si sabía algo de un inventor llamado Termen. El científico contestó "he almorzado con él hoy". La mayúscula sorpresa, que casi le provoca un desmayo a Clara, fue seguida por un reencuentro clandestino en una estación de metro, lugar elegido adrede para evitar las escuchas indiscretas. Por aquel entonces Termen seguía vinculado al KGB, donde según sus propias palabras en el documental, se dedicaba a depurar el sonido de grabaciones secretas, trabajo que se prolongó hasta 1966.

Justo el mismo año en que Termen abandonaba el KGB y comenzaba a trabajar en el Conservatorio de Moscú, un sonido similar al del theremin hacía su aparición estelar en el número 1 de las listas estadounidenses y británicas. La canción no era otra que la célebre "Good Vibrations" de The Beach Boys. Aunque sonaba como un theremin no era el instrumento de Termen sino el Electro-Theremin, un invento del músico Paul Tanner, infinitamente más sencillo de tocar que el theremin en un entorno de estudio y por supuesto de directo. En esta ocasión el director Steven M. Martin es inducido al error por medio de las manifestaciones divagatorias de Brian Wilson, líder de la banda californiana, asegurando el uso del theremin en el famoso tema.

La aportación del theremin al cine aparece reflejada en el documental a través de escenas de las películas más famosas en las que tuvo un papel destacado como Días sin huella (Billy Wilder, 1945), Recuerda (Alfred Hitchcock,1945), Ultimátum a la Tierra (Robert Wise, 1951), Vinieron del espacio (Jack Arnold, 1953), y Delicado delincuente (Don McGuire, 1957). En este campo tomaron parte otros thereministas como Paul Shure o Samuel Hoffman. Clara Rockmore, por el contrario, quería interpretar a Bach, no hacer ruidos y efectos de sonido, tal y como afirma en el propio documental. 

Con el emocionante reencuentro de Lev Termen y Clara Rockmore en el apartamento de ésta última en Nueva York en octubre de 1991 siendo ambos ancianos y habiendo pasado toda una vida alejados el uno del otro, concluye Theremin: An Electronic Odyssey. El documental se terminó de montar un día antes del fallecimiento de Lev Termen en Moscú, el 3 de noviembre de 1993, a la edad de 97 años.

Probablemente hoy en día se podría realizar un mejor trabajo desde el punto de vista de la precisión en los datos históricos, aunque en ningún caso tendría la misma intensidad emocional de Theremin: An Electronic Odyssey, que se realizó cuando Termen, Clara Rockmore, Robert Moog, Nicolas Slonimsky o Henry Solomonoff todavía vivían, algo a todas luces irrepetible. Ya no se puede contar con testimonios de primera mano de aquella época. 

Tal y como afirma Robert Moog en el documental, el theremin es una de las piedras angulares de la historia de la música electrónica. Hoy en día podemos valorar con mayor perspectiva histórica las determinantes aportaciones de Termen al control espacial de la música, que a día de hoy lo vemos en interfaces como el "D-Beam" implementado en algunos sintetizadores de la firma Roland. También el theremin ha sido la fuente de inspiración de instrumentos experimentales como "The Hands" de Michel Waisvisz, la "Radio Baton" de Max Mathews, así como algunos de los "hiperinstrumentos" de Tod Machover desarrollados en el seno del Media Lab del MIT, y que en un ámbito más amplio han encontrado su aplicación en videojuegos como Guitar Hero y similares, por no hablar de los controladores interactivos para consolas de videojuegos como Play Station Eye o Kinect.

Más allá de su bella apariencia de mueble de estilo art decó y de los usos musicales que ha tenido, sobre todo en el campo de las bandas sonoras, el theremin, casi un siglo después de su invención, continúa siendo un instrumento sumamente futurista en su concepto y en su materialización, que fue mucho más lejos que otros instrumentos electrónicos de su tiempo, siendo todavía hoy inspirador para las nuevas generaciones.

Por último, comentar que el DVD del documental es Region 1, con lo que es posible que existan problemas para su visualización en algunos reproductores. Si podéis haceros con él, ciertamente no os arrepentiréis, dado que incluye subtítulos en español y francés. A continuación tenéis el tráiler.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada