martes, 30 de junio de 2015

Richard Pinhas. L'Éthique

L'Éthique (1982) quinto elepé en solitario del guitarrista francés Richard Pinhas
Portada del álbum L'Éthique (1982)
del francés Richard Pinhas. 
Después del éxito limitado cosechado por el álbum East West (Pulse Records, 1980), y su posterior mini-gira de presentación en Francia durante 1981, Richard Pinhas -coherente con sus principios-, no estaba dispuesto a seguir el camino fácil y repetir una fórmula musical, que sin pretenderlo, le había reportado mayor popularidad que en trabajos previos.

Nada más lejos de sus intenciones. Una vez finiquitado Heldon, un paréntesis de relativo sosiego marcaría los dos años que transcurrirían entre la publicación de East West y su siguiente proyecto discográfico. Entre tanto, sus trabajos para terceros, ya fuera como músico de sesión y/o productor, también serían algo más tranquilos de lo acostumbrado dentro del frenesí que había presidido las actividades del guitarrista durante la última década. Su participación más destacada tendría lugar produciendo el álbum Bébé Godzilla (Cy Records, 1981), un elepé de jazz rock de su amigo Patrick Gauthierex-teclista de Heldon y Weidorje, que se grabó entre noviembre y diciembre de 1980 en el Studio Ramsès, en el que Pinhas se encargaría también de la guitarra eléctrica en los temas "Bébé Godzilla" y "Nör" -pieza compuesta para un hipotético segundo álbum de Weidorje que jamás se grabaría-, y del sintetizador en el curioso "Mixtur-Trautonium", corte sin ninguna relación, más allá del nombre, con el instrumento electrónico desarrollado por el alemán Oskar Sala

A pesar del trabajo a tiempo completo que Pinhas venía desempeñando en la música, su interés por la filosofía no había hecho más que aumentar. Desde que en 1974 Pinhas obtuviera su doctorado en filosofía por la Universidad de La Sorbona con una tesis titulada "Le rapport entre la schizoanalyse et la science-fiction" bajo la dirección de Jean-François Lyotard, esta disciplina había tenido un reflejo directo tanto en sus trabajos firmados como Heldon como en aquellos que llevaban su propia rúbrica. 

La estrecha relación que había establecido Pinhas durante sus estudios -prácticamente de maestro y discípulo-, con Gilles Deleuze, filósofo postestructuralista y una de las mentes más brillantes de su generación, le habían llevado en 1972 a invitar a su profesor a recitar un texto muy pesimista de Friedrich Nietzsche sobre la lucidez del alma para el single "Le Voyageur"/"Torcol". El tema, que alcanzaría cierta repercusión en determinados círculos 'underground', formaría parte de su fugaz proyecto de rock psicodélico Schizo junto a sus amigos Patrick Gauthier y Pierrot y Coco Roussel, predecesores de lo que terminaría desembocando en la formación de Heldon en 1974. "Le Voyageur" sería incluida dos años más tarde en el álbum de debut de Heldon Électronique Guerilla (Disjuncta, 1974), bajo el nombre de "Ouais, Marchais, Mieux Qu'en 68". 

Entre 1971 y 1987 Deleuze impartiría una serie de multitudinarios cursos en la Université Paris 8 Vincennes-Saint Denis en los que a lo largo de los años se reflexionaría acerca del cine, la música, la pintura, sobre los conceptos de tiempo y materia, pero muy especialmente sobre el pensamiento de algunos célebres filósofos como Nietzsche, Kant, Leibniz y Spinoza. Obsta decir que Richard Pinhas asistiría de manera regular a dichos cursos y participaría activamente en ellos.

Precisamente el filósofo neerlandés de origen sefardí portugués Baruch Spinoza (1632-1677), y en especial su obra más importante, Ética, será objeto de reflexión por parte de Gilles Deleuze en los cursos de Vincennes que se desarrollarán entre diciembre de 1980 y marzo de 1981.

La inmersión de Pinhas en la filosofía, su estrecha amistad con Deleuze y su interés por la obra de Spinoza le darían la excusa perfecta para afrontar su siguiente reto discográfico; L'Éthique.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Zanov. El creador de universos sonoros

Imagen identificativa del músico cósmico parisino Pierre Salkazanov, más conocido como Zanov

El año 2014 ha estado marcado por el regreso discográfico, después de treinta y dos años, de uno de los artistas más interesantes y enigmáticos del gran rompecabezas que forma la música electrónica francesa de los años 70. Un puzzle que en ningún caso estaría completo sin una pieza clave; Pierre Salkazanov, más conocido por el nombre artístico de Zanov. 

Creador de evocadores e imaginativos paisajes cósmicos, Zanov fue uno de tantos músicos -en aquel período tan fecundo en talentosos "francotiradores electrónicos"-, que tras el lanzamiento de unos pocos álbumes desapareció de la escena musical sin apenas dejar rastro.


Las preguntas sobre su paradero no dejaron de sucederse entre los aficionados durante años sin obtenerse respuesta, lo que a su vez provocó la circulación de rumores y especulaciones que contribuyeron a aumentar todavía más el aura de misterio que rodeaba a la figura de Zanov. Con el tiempo fueron muchos los que descubrieron, a menudo fruto del azar, la música de este "genio perdido" del sonido cósmico francés. Sin embargo, Zanov continuaba siendo un enigma del que poco más, aparte de su música, su nombre y alguna fotografía, había trascendido.

El misterio a más de treinta años de ausencia se resolvió inesperadamente en junio de este año, cuando el propio artista anunció su regreso con el lanzamiento de un nuevo álbum (Virtual Future), y un plan firme para establecer una carrera musical estable. Un hecho que sin duda le ha vuelto a poner de actualidad entre la comunidad de seguidores de la música electrónica cósmica y ha despertado un renovado interés por su trayectoria. 

Con la idea en mente de dar a conocer su historia, durante tantos años esquiva, comencé a preparar el pasado mes de octubre este retrato biográfico sobre Zanov que os presento hoy. Una historia que ansiaba poder contar desde que inauguré esta nueva etapa de Audionautas, y que a título personal supone un pequeño sueño hecho realidad. Espero que disfrutéis con su lectura tanto como yo con su proceso de documentación y escritura.

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martes, 11 de marzo de 2014

Vangelis And The Journey To Ithaka

El músico griego Vangelis Papathanassiou retratado en la portada del DVD del documental Vangelis And The Journey To Ithaka (2013).
Portada del DVD del documental 
Vangelis And The Journey To Ithaka (2013).
Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.
Poema "Ítaca" (1911), de Konstantinos Petrou Kavafis.


La fama y popularidad que ha alcanzado la música del griego Evangelos Odysseus Papathanassiou (más conocido por el nombre artístico de Vangelis), a lo largo de las últimas cuatro décadas nunca se ha correspondido con una imagen pública del compositor que estuviera a la misma altura.

Nacido el 29 de marzo de 1943 en la pintoresca villa de Agria, integrada en el municipio de Vólos en Grecia, Vangelis continúa siendo a día de hoy, y a pesar del enorme éxito que ha cosechado, en un enigma para muchos. Sin ser un personaje absolutamente inaccesible, el músico ha preferido mantenerse al margen del 'star-system' y de los compromisos y concesiones que éste exigía, con tal de preservar su vida privada lejos de la atención de los medios. Las escasas entrevistas concedidas a lo largo de su carrera le granjearon durante años fama de hosco y se creó un cierto aura de misterio y fabulación en torno a su persona que el paso del tiempo nunca ha terminado de resolver.

Lo cierto es que Vangelis siempre ha pretendido que la belleza y elocuencia de su música hablaran por sí solas sin la necesidad de que su autor fuera el centro de atención de grandes campañas promocionales, sin verse abocado a la publicación sistemática de discos ni a la tiranía de largas giras de conciertos, evitando convertirse, por tanto, en una pieza más -y por tanto sustituible- dentro de los engranajes del pop.

A pesar de subvertir esas reglas, su música se vio pronto refrendada por el éxito popular, convirtiéndose con el tiempo en icono de diversas corrientes adscritas a la música electrónica popular como las bandas sonoras para cine y televisión, la fusión electroacústica de tintes sinfónicos o la 'new age music', en los que ha creado escuela y en donde ha sido y sigue siendo un referente para músicos y aficionados por igual.

Por todo ello, con setenta años cumplidos en 2013, quizá era el momento idóneo para recapitular y que el artista heleno se decidiera a dar luz verde al lanzamiento del primer documental dedicado a su vida y obra. No obstante, la larga y tortuosa odisea que ha supuesto la publicación de este film, sin duda ha hecho honor a las referencias homéricas que sugiere su título; Vangelis And The Journey To Ithaka.

domingo, 10 de noviembre de 2013

I Dream Of Wires. Hardcore Edition

Carátula de la edición extendida 'Hardcore Edition' del documental canadiense I Dream Of Wires dedicado a retratar la escena de los sintetizadores modulares
Carátula de la 'Hardcore Edition' de cuatro horas de duración 
del documental I Dream Of Wires (Robert Fantinatto, 2013).
"El misterio que se esconde sobre qué motiva esta obsesión irracional está en el corazón de la película. Al final, se trata de un anhelo por algo auténtico, algo que se ha perdido en un mundo virtualizado".
Robert Fantinatto. Director de I Dream Of Wires para la revista Wired (2013).

Cuando en la década de los 80 la comercialización de novedosas tecnologías digitales casi provoca la extinción de los sintetizadores modulares, pocos podían imaginar que en la todavía lejana segunda década del siglo XXI alguien se acordaría de estos dinosaurios de otra era.

En aquel entonces, los sintetizadores modulares, que en un tiempo se asociaron con la carrera espacial y la ciencia ficción, ya no formaban parte de la ecuación de la modernidad. Su concepto, su tecnología y su aspecto se consideraban obsoletos, y por consiguiente debían dejar paso al pujante mundo digital y desaparecer inexorablemente.

Muchos artistas, obnubilados por los cantos de sirena de los nuevos avances tecnológicos aplicados a la música, acogieron con los brazos abiertos el futuro digital desdeñando el pasado analógico. Las pantallas y los botones, más propios de la informática, se erigieron como el presente y el radiante porvenir del sintetizador, a la vez que se iba perdiendo la plasticidad en la creación sonora en favor de un metódico jeroglífico de ceros y unos.

Sin embargo, la fecha de defunción de los sintetizadores modulares nunca tuvo un día y hora señaladas, simplemente dejaron de estar, fueron desapareciendo de muchos estudios y rara vez volvieron a mostrarse majestuosos sobre los escenarios. No obstante, jamás abandonarían los corazones de unos pocos irreductibles que se oponían con tozudez a su obsolescencia.

Reconquistar el terreno perdido ha sido una de las metas de esos irreductibles desde mediados de la década de los 90 hasta la actualidad. Nuevos fabricantes, nuevos músicos, nuevos aficionados configuran hoy una escena modular que vive en plena efervescencia, en la que se ha constituido y consolidado una comunidad muy activa, compacta e interconectada que impulsa una cultura alrededor de una gran pasión compartida.

Por este motivo cuando en 2011 se conocieron las primeras noticias sobre la realización de un proyecto documental dedicado a retratar el mundo y la subcultura de los sintetizadores modulares, una oleada de entusiasmo invadió los foros, blogs y webs especializadas. Por fin los amantes de los 'patch-cords' iban a ver reflejado su mundo, su indiosincrasia, en una película.

miércoles, 26 de junio de 2013

Oskar Sala. My Fascinating Instrument

My Fascinating Instrument (1990), el álbum del sello Erdenklang que revalorizó la figura de Oskar Sala y el Mixturtrautonium.
My Fascinating Instrument (1990), 
el álbum que dio a conocer a Oskar 
Sala a una nueva generación de oyentes.
Entre finales de los 80 y la década de los 90 la industria discográfica viviría una época dorada con la popularización masiva del disco compacto. Desarrollado por las multinacionales Philips y Sony durante la segunda mitad de los años 70 y presentado en 1980, el CD supondría el inicio de la revolución del audio digital doméstico. Tanto es así que el éxito del formato reduciría al disco de vinilo y al cassette -los anteriores estándares del mercado-, a su mínima expresión, dando inicio a un negocio multimillonario. 

Tanto las últimas novedades del mercado musical como las reediciones de los vastos fondos de catálogo de las grandes multinacionales verían nuevas ediciones en el nuevo estándar. Por lo general, todos aquellos artistas que habían cosechado éxitos y álbumes superventas en años y décadas anteriores, en especial dentro de la música popular, disfrutarían de rápidas y completas reediciones de sus obras. Otros, los menos conocidos y afortunados, tardarían años en ver publicado alguno de sus trabajos en el nuevo estándar, y muchos, jamás llegarían a despertar el interés de ninguna discográfica.

Lo cierto es que el proceso de concentración del mercado musical en manos de unas pocas compañías, así como la progresiva homogeneización de los catálogos de éstas en torno a unas fórmulas preestablecidas que relegaron a los productos menos rentables, se haría más patente que nunca en los años 90. Así, para dar salida a estilos musicales minoritarios proliferarían infinidad de pequeños sellos independientes, que no sólo serían responsables del descubrimiento de nuevos talentos, sino también los encargados de la recuperación de artistas olvidados.

En lo que respecta a la música electrónica, la aparición de multitud de estos pequeños sellos independientes y especializados propiciaría una época pródiga en resurrecciones musicales en la que se rescatarían del olvido grabaciones históricas de un buen número de pioneros, a menudo piezas de auténtica arqueología sonora. 

En 1989 el sello Small Planet Records reeditaba en CD, tras más de una década desde su primera edición limitada en elepé, la banda sonora del clásico del cine de ciencia ficción, Forbidden Planet (Fred M. Wilcox, 1956), que volvería a atraer la atención hacia el papel crucial de Louis y Bebe Barron como precursores del diseño sonoro y la música electrónica en el séptimo arte.

Casi al final de su periplo vital Lev Termen, recibiría el reconocimiento a una vida de película gracias al documental Theremin: An Electronic Odyssey (Steve M. Martin, 1994). Su musa y primera diva del theremin, Clara Rockmore, olvidada durante lustros, vería cómo gracias a su papel estelar en el film, suscitaba un renovado interés y veneración entre centenares de thereministas de todo el mundo, tras décadas de infatigable trabajo promocionando el instrumento. Con el éxito del film de Martin, su LP The Art Of The Theremin (Delos, 1977), reeditado en CD en 1987, volvería a convertirse en una referencia ineludible para todo estudiante que se precie de la técnica del theremin.

El gran Raymond Scott fue un ejemplo de músico con alma de ingeniero. Scott fallecería en 1994, pero tan sólo tres años más tarde se reeditaría en disco compacto su trilogía de proto-ambient de 1964 Soothing Sounds For Baby (Basta, 1997), que sería la antesala de la magna antología Manhattan Research Inc. (Basta, 2000), sobre su obra electrónica para el mundo televisivo en los años 50 y 60. Otro músico olvidado tras casi veinte años, el francés Jean-Jacques Perrey, precursor del pop electrónico, resurgiría en 1997 reivindicado por las nuevas generaciones encarnadas por artistas como AIR o Luke Vibertgracias a su célebre tema "E.V.A."

Tampoco hay que olvidar la recuperación de los "Electrosonics" holandeses Tom Dissevelt y Dick Raaijmakers (bajo el alias de Kid Baltan), que sin duda marcarían un hito en la música electrónica popular con sus grabaciones realizadas entre 1957 y 1961 en el NatLab de la multinacional Philips en Eindhoven, y que serían puestas de relieve en el seminal elepé Song Of The Second Moon (1962/1968), que verían la luz en CD en el monumental sampler Popular Electronics: Early Dutch Electronic Music From Philips Research Laboratories (1956 - 1963) (Basta, 2004).

También sería un tiempo para el descubrimiento de pioneros que habían realizado importantes aportaciones técnicas y musicales alejadas de la ortodoxia. En 1999 se reeditaría en disco compacto Compositions Demonstrations 1946-1974 dedicado a la obra del insigne pionero canadiense Hugh Le Caine, a la vez que se publicaba una extensa biografía sobre su vida y obra. Unos años más tarde el artista multidisciplinar finlandés Erkki Kurenniemi también sería objeto de reconocimiento mediante la antología Äänityksiä / Recordings 1963-1973 (Love Records, 2002), y el film Future Is Not What It Used To Be (Mika Taanila, 2002).

Más adelante, ya en la primera década del siglo XXI vendría la recuperación de otras grandes figuras de la vertiente popular del sonido electrónico como Daphne Oram, Delia Derbyshire (y en general todo el trabajo del BBC Radiophonic Workshop), así como el legado de otros artistas olvidados como el canadiense Bruce Haack, o genios desconocidos como el austriaco Max Brand.

Pero rebobinemos hasta 1990. En aquel año, otro pionero que había pasado casi a hurtadillas por la "historia oficial" de la música electrónica, a pesar de haber realizado significativas aportaciones técnicas y musicales, iniciaba con ochenta años su segunda juventud publicando su primera referencia discográfica en CD. Su nombre, Oskar Sala